Evangelio según san  Lucas 5, 12-16

Viernes del tiempo de Navidad.

 

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante la lepra desapareció.
Él le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

“acudía mucha gente a oírle”

 

Jesús parece decirnos: la invitación de hoy es a cultivar el sentido del oído. Están preocupados de qué decir, o se evaden mirando series, imágenes o a los demás y cuesta escuchar con tanta distracción. Para escuchar se necesita en primer lugar, elegir aquello que merece ser escuchado. Luego, hacer silencio, no solo sin hablar, sino también silenciar los pensamientos para recibir con apertura las palabras que el Padre te quiere regalar en este nuevo inicio. Busca ese silencio, Yo te espero.

 

Últimamente me he dado cuenta que cuando escucho y me propongo no hablar tanto, siento más respeto de los demás. Es como si el prestar atención al otro, produjera gratitud. Me pasa que cuando alguien habla mucho de sí mismo, me cansa o me produce rechazo, entonces trato de no hacer eso, de hablar menos y así escuchar, dedicar toda mi atención al otro. Mirarlo, fijarme en sus gestos, en las palabras que usa, en las caras que pone…me gusta hacerlo, siento que la comunicación es mucho más efectiva y el vínculo se estrecha aún más.

 

Querido Señor: quiero acudir a Ti, quiero elegirte, quiero escucharte y escucharte con atención. No dejes que me distraiga, no permitas que me escuche solo a mí misma. Haz que me esfuerce en callar más y disponerme a escuchar al otro poniéndole tu rostro. Tú me hablas a través de los demás y no quiero ser descuidada y dejarte hablando solo. Tu palabra Señor, es Palabra viva, es decir, siempre actúa, no está sujeta a un tiempo o lugar. Gracias por ese gran regalo y por la posibilidad de acudir a Ti siempre. Dame humildad para reconocer mi pequeñez y mi necesidad de estar a tu lado. ¡Bendito seas Señor por tu presencia palpable ahora y siempre! AMÉN