Evangelio según Lucas 15, 3-7

Viernes de la duodécima semana del tiempo ordinario

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

 

Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

“…pero sin mí no puede hacer nada.”

 

Jesús parece decirnos: la unión de la que les hablo, consiste en conocerme, en leer las escrituras, leer las cartas pastorales, hablar con el hermano, escuchar al que lo necesita, conversar y meditar mi palabra y por supuesto encontrarse conmigo en la Eucaristía, que ahí estoy para que me reciban en la Comunión. El objetivo: mantenerse unidos a Mí. El “hacer” de ustedes será fecundo, si consiguen esta sintonía que los llevará a un camino seguro y de gracia que es lo que el Padre quiere para sus hijos.

 

Mi trabajo es ideal, tener que hablar de Jesús a los niños chicos es lo mejor. Ellos son tan puros e inocentes que se me devuelve con creces el amor que se entrega. Por otra parte, este trabajo trae una responsabilidad que tiene un peso, porque puede marcar a un niño algo que yo pueda decir o hacer sin querer.  Es por esto que esta frase me interpela, solo unida a Jesús puedo hacer bien las cosas. Él me despierta en las mañanas de otro modo no tendría la fuerza para levantarme. Quiero estar unida a Jesús siempre y para eso no debo descuidar mi oración y mi vida sacramental.

 

Querido Señor: gracias por invitarme hoy a estar unida a Ti, a no olvidar que solo este vínculo me permite hacer bien las cosas, a sentir que hacemos las cosas juntos, a darle un sentido a ese trabajo diario que a veces es tan agitado. Recojo la invitación a conversar de todo contigo, a recibirte con más frecuencia en la Eucaristía, a reconocer tu presencia en los demás a ver día a día la obra del Padre en la creación. Que María me muestre esa perfecta unión que la llevó a actuar bien siempre. AMÉN