Evangelio según san Marcos 3, 13-19

Viernes de la segunda semana del tiempo ordinario

 

En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que él quiso y se acercaron a él. Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios. Designó a estos doce: A Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; a Santiago, el Hijo de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó.

 

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

“subió a la montaña”

 

Jesús parece decirnos: subir a la montaña, apartarse del ruido de la ciudad y poder realizar desde allí algo importante. En este pasaje cada apóstol fue nombrado por su nombre y cada uno recibió su misión. Qué importante es el lugar físico donde se realizan las cosas, dar un sentido más profundo a través de la ambientación. Yo los invito a que cada acción tenga que ver con el lugar donde se realiza. Desde lo más cotidiano a lo más espiritual. Así, si vas a comer con tu familia, que sea en un comedor acogedor, mirándose a la cara y producir el encuentro. Si vas a rezar busca el lugar más apropiado para hacerlo.

 

Seguro los apóstoles sintieron ansiedad al subir la montaña, les gustaba estar con Jesús y lo seguían sin hacer tantas preguntas. Seguro subieron y confiaron en que por algo los habían conducido hasta ahí. Algo grande los esperaba, algo que cambiaría sus vidas. A uno le pasa igual, confía y sube. Pero el cansancio o las dificultades nublan la confianza y uno quiere quedarse a mitad de camino. Creo que Jesús quiere que sigamos subiendo, que confiemos y nos entreguemos porque arriba nos espera una gran noticia, que seguro puede cambiar nuestras vidas.

 

Querido Señor: Hoy me invitas a seguir subiendo el monte de la vida, es cierto que subir cansa, pero la certeza de que Tú me esperas, me renueva la fe y hace que mi día a día, sea un pequeño ascenso. Te agradezco por todos los que pones en mi camino, que me dan su mano, que me prestan sus energías para continuar. Haz que pueda renovar mi propósito de vida, mi Ideal Personal, que me muestra el sendero por el cual debo seguir subiendo esa gran montaña que conduce a los brazos del Padre. AMÉN