Evangelio según san  Juan 1, 19-28

Viernes  del tiempo de Navidad

Santos Basilio Magno y Gregorio  de Nacianzo, obispos y doctores de la iglesia

 

 

Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: «¿Quién eres tú?» Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: «Yo no soy el Mesías». De nuevo le preguntaron: «¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?» Él les respondió: «No soy». «¿Eres el profeta?» Respondió: «No». Le dijeron: «Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?» Juan les contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: ´Enderecen el camino del Señor´, como anunció el profeta Isaías». Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos le preguntaron: «Entonces por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias». Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

Yo no soy el Mesías

 

Jesús parece decirnos: Juan es un ejemplo de humildad para la humanidad. Quizás les toca trabajar en puestos importantes, dirigir personas, ayudar en apostolados, en la parroquia, en alguna fundación o trabajo en que pueden recibir alabanzas, elogios y deben saber ubicarse como lo hizo Juan. Él tuvo siempre presente cuál era su papel, su rol en este mundo y aunque fue admirado por muchos, siempre contestó con humildad que él vivía para preparar el camino al Mesías.

 

Se nota que Juan identificó desde temprana edad su Ideal Personal y supo llevarlo a cabo hasta su muerte. Este ejemplo de Juan me motiva, me incentiva a buscar nuevos caminos para tener más presente mi Ideal y poder sentir con convicción que solo eso es lo importante. Estoy tan feliz que mi nieto se va a llamar Juan. Para recordar mi propio Ideal, se me ocurre que puedo escribir Juan en un papelito y ponerlo en mi velador para acordarme de mi misión día a día y de paso rezo por mi nieto.

 

Querido Señor: hoy me invitas a renovar mis conquistas a empujar con energía el carro de la fe, al estilo de Juan. Haz que el espíritu de la Navidad se mantenga todavía encendido en mi corazón para que pueda trabajar con entusiasmo mi Horario Espiritual. Mantén viva en mi mente la imagen del pesebre y los ejemplos vivos de: María, José y hoy en especial a Juan, que supieron ser fieles y vivir seguros de tu amor incondicional. Hazme cumplir mi propósito y acompáñame en este año que recién comienza. AMÉN