Evangelio según san Jn. 16, 20-23
Viernes de la semana sexta de Pascua
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría. Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada”.
Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira
…una alegría que nadie les podrá quitar.
Jesús parece decirnos: la alegría es un anhelo universal. No hay nadie que no goce estando alegre y que quiera que su vida esté llena de alegría. Yo les prometo eso: una alegría que nadie les podrá quitar. ¿Cómo conseguirla? Una sola respuesta: seguir el camino que el Padre les tiene preparado. Y ¿cuál es ese camino? Una persona: Yo, Yo soy el camino. El que viene a Mí, irá al Padre y el que va al Padre, tendrá una alegría que nadie les podrá quitar. Entonces, vengan, no sigan buscando en otros lados lo que les traerá la plenitud, Yo los estoy esperando.
A veces me inquieto por los problemas o por las cosas que cuesta que se resuelvan. Estos días el evangelio ha estado marcado por la unión entre el Padre y el Hijo, Jesús nos habla de ser el camino, la verdad y la vida…En fin, pienso que, si creo, si sigo su camino, debiera notarse en mí más confianza, más entrega, más seguridad en que Él es quien guía mis pasos y que por lo tanto debo vivir tranquila y confiada. Solo quiero tener más fe para no flaquear para sentir que todo lo que Dios quiere es mi felicidad y que viva con alegría.
Querido Señor: quieres que sea portadora de alegría, que refleje a los demás el gozo de tenerte. Dame fortaleza para no flaquear y que pueda transmitir ese gozo interior de saber que Tú estás en mí y yo en Ti como Tú y el Padre. Que no me permita inquietarme y mantenga la esperanza de una alegría eterna. Hazme generosa para entregar alegría a otros y humilde en recibir todas las alegrías que me regalas a diario. Dame la prudencia y sabiduría de tu Madre para reconocer cada minuto de gozo. AMÉN