Evangelio según san  Lucas 1, 39-48

Viernes de la segunda semana de adviento.

Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América y Filipinas.

 

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”. María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz”.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?”

 

Jesús parece decirnos: Mi Madre va al encuentro de cada uno de ustedes, ella quiere visitar sus corazones. Ella no es solo mi Madre, lo es también de cada uno de ustedes desde el momento de la Cruz en que Juan representando a toda la humanidad, la acepta como su madre y la lleva a vivir con él. Ella siente la necesidad, al igual que cualquier madre amorosa, de estar con sus hijos, compartir sus problemas, acompañarlos y consolarlos en los momentos de dolor al igual que lo hizo conmigo y con su prima Isabel.

 

Desde chica, este episodio del evangelio me ha llamado la atención, sentía que Isabel tenía mucha suerte, María en persona venía a su casa, la ayudaba y acompañaba, ella la propia madre del Señor. Ahora de adulta, no dimensiono que tengo su presencia total y para siempre en mi Santuario Hogar. Ella, la madre de mi Señor, no está de pasada, vino a quedarse en mi casa. ¿Le habré ordenado su pieza?, la ¿habré hecho sentir cómoda?, ¿le habré contado esas alegrías y penas cotidianas para que me conozca y me quiera mejor? Ella está a punto de dar a luz, quiere compartir su alegría conmigo. Miraré el pesebre cada día con los ojos de María.

 

Querido Señor: me diste a tu Madre, la trajiste hasta mi casa y ahí está, esperándome cada día para compartir mi día con ella. Dame la humildad y sencillez de corazón para comprender este misterio con los ojos de la fe y valorar la presencia real de tu madre aquí en mi casa, en esta familia que la quiere poner como centro para parecerse cada día más a la familia de Nazaret. Permite que cumpla mi propósito de detenerme frente al pesebre y hacer el ejercicio de mirar con los ojos de ella, esta escena llena de tu infinita misericordia. AMÉN