Evangelio según san Juan, capítulo 21, 19-25

Sábado de la séptima semana de Pascua

 

Jesús resucitado había anunciado con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?” Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: “Señor, ¿y que será de este?” Jesús le respondió: “Si Yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme”. Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: “Él no morirá”, sino: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?” Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

 

Meditación de Gonzalo Manzano González

 

“Señor, ¿y que será de este?”

Jesús parece decirme: Cuando le dije a Pedro que no le importaba lo que ocurriera con Juan, no fue para escarmentarlo, sino que quise que él pusiera el foco en lo que de verdad importa: seguirme. Pero hoy él también me pregunta ¿qué será de ti? Él ya tiene claridad de lo que Yo quiero para ti, porque vive cerca de mi Sagrado Corazón. Ahora quiero que tú tengas claridad de dos cosas: primero, que Pedro sigue preocupándose de todas y cada una de las ovejas que me dio el Padre, sus hermanas; y segundo, que efectivamente quiero que no mueras, primero en espíritu, y al final de todo, incluso tu cuerpo. Te quiero conmigo porque te amo.

 

¿Qué será de mí? Esta pregunta parece una tortura. Tengo miedo de lo que vendrá. El primer miedo que tengo es en el corto plazo, en lo material, que me consume gran parte del día en pensamiento, palabras y obras. Mantener a mi familia, atender su bienestar, cumplir con mis obligaciones matrimoniales, paternales, filiales y profesionales. Luego a mediano plazo, ¿lograré ser feliz en esta vida? ¿Podré hacer felices a los demás? ¿Soy agente de Cristo para salvación del mundo? Y finalmente, ¿podré estar en su presencia al final de todo? ¿Acepta mi corazón el perdón de Dios y pide ser admitido? Y Él simplemente me dice “Tú sígueme.

 

Señor Jesús, estas preguntas son quizás las más imposibles de responder, y no creo que mi vida entera sea suficiente para encontrar una respuesta. O quizás no. La respuesta me la das Tú, como se la diste en su momento a Pedro. Tú sígueme. Dos simples palabras que dan cuenta de todo el sentido de mi vida. ¿A corto plazo? ¡Seguirte! ¿Durante toda mi vida? ¡Seguirte! ¿Para la Vida Eterna? ¡Seguirte! Es prácticamente imposible, porque soy débil de voluntad y frágil en la adversidad. No puedo solo, me es imposible lograrlo. Solo Tú puedes, porque lo puedes todo. Solo queda refugiarme en tus brazos amorosos. ¡Gracias Señor! AMÉN