Evangelio según san  Juan 1, 29-34

Sábado del tiempo de Navidad.

 

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: «Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo.» Y yo le he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios.

 

Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira

 

“… doy testimonio de que él es el hijo de Dios.”

 

Jesús parece decirnos: este rol que tuvo Juan, es el mismo al que ustedes están llamados: dar testimonio de Mí. Que será difícil igual como lo fue para Juan, que será duro e ingrato, no cabe duda. Sin embargo, llenará su vida de sentido, sentirán que profundizan en su fe, que dar testimonio, convence a otros y les dará alegría saber que alguien da un pequeño paso en su fe por el testimonio que ustedes le dieron. La invitación de hoy es a creer que soy el Hijo de Dios, y al creerlo, demostrarlo en algún detalle: sonrían, saluden, hagan un favor…algo pequeño, pero que ustedes puedan notarlo.

 

Creo que la mejor forma para dar testimonio es la alegría. Soy alegre, me gusta reírme, hacer chistes y bromas. La alegría no deja indiferente, por el contrario, contagia y ese ambiente positivo ayuda a vivir mejor.  Dar testimonio de que Jesús es el hijo de Dios, creo que es eso, vivir en alegría, no reírse sin sentido sino más bien, tomar las cosas con tranquilidad y buscarle el lado amable. Quiero aprovechar las vacaciones, que uno está más descansado, para dar testimonio: de confianza, de tranquilidad y también de alegría porque hay cosas que antes no veíamos con claridad y ahora sí las vemos.

 

Querido Señor: quiero dar testimonio de Ti, quiero mostrar que se puede ser alegre a pesar de pasar por momentos difíciles. Que Tú seas el hijo de Dios es un gran regalo, te hiciste hombre y nos salvaste, eso es lo principal. Todo pasa, los problemas, los dolores, la tristeza…pero la certeza de saber que Tú eres el camino, es reconfortante, ayuda a dar la justa medida a las cosas. Que el Espíritu Santo me ilumine y me dé fuerzas para ser un testigo al estilo de Juan, que preparó tu camino, y supo cumplir el plan de Dios para él. AMÉN