Evangelio según san Mt 5, 43-48

Sábado de la primera semana de cuaresma

 

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

 

Meditación de Juan Francisco Bravo Collado

 

“Amen a sus enemigos”

 

Es como si Jesús me dijera: “Tú te sonríes para ti mismo. Crees, inocentemente, que no tienes enemigos. Pero yo te invito a darte cuenta que eres tremendamente partidario. Que tomas posiciones concretas, y aunque crees ser capaz de ponerte en el lado del otro, consideras que su posición es burda, mal pensada, egoísta o ingenua; especialmente en temas políticos sobre áreas en las que tienes un dominio un poco mayor que el resto. Y puedes ser muy cruel cuando tienes la razón. Eso no es ninguna gracia, ¿no hacen lo mismo los publicanos? ¿no hacen lo mismo los de la vereda del frente?”.

 

Al ver este evangelio, mi primera reacción es sentirme confiado. Pareciera que no tengo enemigos… ¿Por qué habría de tenerlos? Y, sin embargo, al reflexionar un poco me doy cuenta de lo parcial y partidario que puedo llegar a ser en algunos asuntos. Especialmente en aquellos asuntos donde creo que yo tenga razón o vea cosas que otras personas claramente no ven. Muchas veces, en esas ocasiones, los demás se convierten en mi enemigo. Y me doy cuenta cuánto me gustaría tratarlos como si fueran enemigos. Me da pena darme cuenta de esto.

 

Jesús, Tú que fuiste capaz de reconocer lo bueno en tantas personas que parecía que eran tus enemigos, enséñame a mirar mis hermanos con mayor fraternidad. Muéstrame cómo encontrar un equilibrio entre comprender a los demás y honrar la verdad. Regálame la tranquilidad de saber que mis hermanos no son mis enemigos. Muéstrame cómo ser un signo de diálogo y de discernimiento en esta situación política y cultural en la que estamos hoy día, donde pareciera que todos tenemos que elegir un lado y luchar con dientes y uñas para que nuestra perspectiva prevalezca. AMÉN