Evangelio según san Mt 12, 14-21

Sábado de la semana 15 del tiempo común

 

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él. Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías: Este es mi servidor, a quien elegí, mi Amado, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

“Pondrán la esperanza en su nombre”

 

Es como si Jesús me dijera: “Tú, que pareces un optimista crónico para otros, vives con ansiedad. Ansiedad por tu alma, por los tuyos, por tus compromisos. Y esa condición de optimista hacia los demás esconde que tu esperanza está puesta en algo que, estructuralmente, está destinado a fallar: tus capacidades, tus planes, tu esfuerzo, etc. Y mi invitación es a cambiar la base de esa esperanza tuya, tan endeble, para que la pongas en Mí. ¡Vamos! ¡déjate de perder el tiempo y pon tu esperanza en mi Nombre!”

 

Hace meses se me aparece esta palabra tan linda: esperanza. La medito, la busco y me vuelve a aparecer. María es la Esperanza de Triana, en el barrio de los marineros, donde se reza la madrugá en la semana santa de Sevilla. Y yo, que me aferro a la esperanza, a mi alianza con ella; muchas veces siento como se me escabulle. Otras veces, por débil o por dolo, la suelto porque me acomoda ponerla en otro lado, en cosas que me han fallado. Hoy, en esta meditación, quiero pedir, patudamente, que sea ella la que no me abandone a mí, porque es la única solución que logro concebir para este vaivén de esperanza y ansiedad en el que habito.

 

Jesús, pon tu esperanza en mí. Yo pongo mi esperanza en tu Nombre. Y además invoco a tu madre, mi aliada más fiel, y te pido que se quede conmigo. Que me haga poner mi corazón y mi descanso en su Alianza de Amor. Que me proteja de las ilusiones de que yo construyo sobre firme cuando construyo sobre mi egoísmo. Que me haga servidor de tu reino. Que me enseñe a confiar en tu Nombre, que me eduque como te educó a Ti. Que ella, la esperanza, la virgen del Carmen, la Reina de Chile, ruegue por mí y por todos nosotros. AMÉN