Evangelio según san Lc 11, 27-28

Sábado de la semana  27  del tiempo ordinario.

 

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: «¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!». Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

“Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”

 

Es como si Jesús me dijera: “Tú te preguntas quiénes son los míos. Tú estás preocupado por la participación en la iglesia, en las parroquias, en el movimiento. Y está muy bien que sea así, porque la plenitud del hombre está unida a Dios y se construye en comunidad. Pero no solo te preocupes, sino que hazte cargo: como el hombre que construye sobre roca; como el hijo que va a trabajar a la viña del Padre, aunque haya dicho que no anteriormente; como el que es de Samaria y socorre al hombre que encuentra en el camino.”

 

Al meditar, veo que mi primera reacción a este texto es sorprendentemente “partidista”. Soy del bando de María y mi corazón salta de felicidad al imaginar el grito: “¡Feliz el seno que te llevó! ¡Felices los pechos que te amamantaron!”. Y Jesús, el mismo engendrado en ese vientre y alimentado por esos pechos, pone una advertencia: benditos más bien los que escuchan y ponen en práctica. Mi primera pulsión va hacia defender a María. ¡Qué ridículo! Porque después de meditar tan solo un poco, veo cuán resonante sería el asentimiento de María a esto. Eso es lo que ella hizo, lo que educó en su hijo… y lo que pido que ahora eduque en mí.

 

Jesús, amigo y maestro, déjame decir con mi boca inconsecuente de marido y de papá: “feliz el vientre de tu madre, feliz los pechos que te amamantaron”; feliz san José que fue tu padre en esta tierra. Yo, que soy de los que hablan y no hacen, vengo a pedirte ayuda. Ayúdame a llevar esta carga que me parece tan pesada; ayúdame a hablar menos y a hacer más. Enséñame a escuchar la palabra y a ponerla en práctica, de forma silenciosa y varonil. Quiero ser tu amigo, quiero ser tu discípulo, quiero ser tu apóstol. Perdón por cuánto flaqueo. AMÉN