Evangelio según San Lucas 16, 9-15
Sábado de la semana 31 del tiempo ordinario.
Jesús decía a sus discípulos: «Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero». Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús. El les dijo: «Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios.»
Meditación de Francisco Bravo Collado
“No se puede servir a Dios y al Dinero”
Es como si Jesús me dijera: “¿De dónde sale esta fijación que te dio con el dinero? ¿Por qué te veo dispuesto a todo por llegar a ese trabajo que deseas? Yo te guié hacia donde estás ahora, pero no para que perdieras tu foco, sino que para que sirvieras a tus hermanos. No se puede servir a Dios y al dinero. Y yo quiero que me sirvas a mí, porque eres mi amigo, eres mi hermano, y cuando te veo así, pareciera que no te conozco.”
Qué vergüenza me da encontrarme este evangelio justamente hoy día. Siento que toca lo más profundo de mí y de lo que me está pasando. Estoy pasando por una época muy entretenida, aprendiendo muchísimo y dedicándome a tiempo completo a asuntos que hace mucho quería priorizar. Pero ahora que estoy en esto, me doy cuenta que me dejo llevar por la corriente, y mi propio instinto competitivo no me deja disfrutar el proceso. Hay algo que me hace querer ser más que los demás, cuando lo que realmente debería hacer es colaborar con ellos. Debe ser algún tipo de inseguridad. También siento que he perdido el norte: que me preocupo más de cosas externas que de las cosas importantes. Jesús me invita a hacer un alto y recuperar el rumbo.
Señor, quiero hacer un alto para conversar contigo. Tú eres mi amigo y mi señor, y yo soy tu compañero y tu siervo. Quédate conmigo en mi trabajo diario, para que no olvide que estoy donde estoy porque tú me mandaste, y porque tú quieres que te sirva mejor. Señor, que no pierda el rumbo, y que camine siempre hacia la mesa del Padre. Quiero servirte a ti, y no al dinero; a ti y no a mi orgullo, a ti y no a mi inseguridad. Que tu Madre me bendiga y me ayude a servirte a Ti en mis hermanos y en mi familia. Amén.