Evangelio según Mt 17, 14-20

Sábado de la semana 18 del tiempo común

Santo Domingo de Guzmán, presbítero

 

Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar».
Jesús respondió: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí». Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?».
«Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se

trasladaría; y nada sería imposible para ustedes».

 

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

“Porque ustedes tienen poca fe”

 

Es como si Jesús me dijera: “Ah. Te enojas. Te molesta que Yo me enoje. Te violenta que no sea claro con mis instrucciones. Y reclamas que los discípulos no tenían la culpa de no tener fe, porque la fe no es solo una virtud, sino que también es un don. Perfecto, es un argumento válido. Pero si te gusta la filosofía, piensa bien. Porque si es un don y mi Padre es omnipotente, ven y pídelo. El que quiera fe, que la pida. Así que ahora, déjate de reclamar y pide la fe, que estoy esperando para regalártela a borbotones, como si fuera una fuente de agua que nace desde las montañas para inundar la tierra de fecundidad.”

 

Al leer me siento molesto. Es injusto que Jesús se moleste, maldiciendo a la generación completa. Y cuando le piden que explique por qué, se enoja porque tienen poca fe. Qué rabia. ¿Cómo voy a tener más fe? No lo logro. ¿No estoy, acaso, haciendo lo que puedo? ¿no estoy dándome de cabeza con la realidad todos los días y hace varios años? Y entonces, en mi rebelión, me acuerdo de un amigo, el mismo que me trajo a meditar aquí, a quien extraño terriblemente, que decía: “Pide fe, Pancho. El Espíritu Santo se comprometió a que cuando pidamos fe, Él siempre va a dar. Se comprometió y no nos va a fallar”.

 

Jesús, dame fe. Tengo poquita. Y me estás pidiendo que haga milagros para los que no me alcanza. Acompáñame y dame fe, sobre todo cuando me siento cansado. Dame confianza en Ti, porque cuando te enojas me siento como un niño a quien van a castigar, y reacciono infantilmente. Ten paciencia conmigo. Muéstrame cómo mirar tus desafíos y tus enojos con madurez y responsabilidad. Regálame ser un discípulo tuyo, y construir tu reino para Ti. Enséñame a conducir a los míos hacia la mesa de banquete del Padre. Dame fe. Dale fe a mi mujer y a mis hijos. Dale fe a toda tu iglesia. AMÉN