Evangelio según san Juan 1, 1-18
Miércoles de Octava de Navidad.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él, al declarar: “Este es Aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.
Meditación de Sebastián Castaño Fueyo
“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad”.
El Señor parece decirnos: reciban mi Palabra, ella es el origen, lo ilumina todo y no será vencida: acógela, quiérela y llévala en tu corazón. Y la Palabra se hizo carne: mi hijo Jesús habitó entre ustedes para darles gracia y demostrarles el amor que tengo por cada uno de ustedes. Jesús se hizo pequeño y luego les enseñó como amar, servir y entregarse completamente por amor. Por Él fueron redimidos y les abrió las puertas del cielo. Acojan a Jesús, solo en Él encontraran verdadera riqueza y vida eterna.
En esta celebración de la Navidad de Jesús, me recuerdo que Él vino al mundo para amar y para enseñarme a amar. Jesús nos amó con corazón humano, sufrió y se entregó en la cruz como hombre, por amor a mí. Y su anhelo es que nosotros transmitamos ese amor a los demás. Si contemplo la gloria de Jesús y lo acojo con cariño en el corazón podré vivir con su luz y su guía mientras camino por la vida.
Querido Padre Dios, gracias por el gran misterio de la Navidad de Jesús. El vino al mundo siendo pequeño y frágil, nos mostró tu luz y tu Palabra para guiar nuestro camino y finalmente entregó su vida en la cruz para redimirnos. Señor, en la fragilidad del niño Jesús podemos ver tu rostro de bondad y nos invitas a acogerlo y atesorarlo en nuestro corazón cada día.
Te doy gracias por la vida que me regalas día a día, ayúdame a saber vivirla a la luz del evangelio, para ser un fiel testimonio de tu amor. AMÉN