Evangelio según san Lc 9, 57-62

Miércoles de la semana  26  del tiempo común

San Jerónimo, presbítero y doctor de la iglesia

 

Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!». Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza». Y dijo a otro: «Sígueme». El respondió: «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos».
Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

«Tú ve a anunciar el Reino de Dios.»

Es como si Jesús me dijera: «Tus excusas son excusas, no motivos: que el dinero, que el trabajo, que las reuniones, que los viajes, que los niños, que tus padres… ¿no ves que el reino de Dios no es contradictorio con ninguna de estas cosas? ¿Por qué crees que puedes plantear que es una cosa o la otra, cuando sabes que debes hacer ambas al mismo tiempo? Déjate de excusas. Déjate de dar vueltas. Déjate de perder tu tiempo, el de tus hermanos y el mío. Anuncia el reino de Dios en tu vida diaria, sin aspavientos y como hombre.»

No me reconozco. ¿Cómo puedo excusarme en tantas cosas para explicar que no estoy dando prioridad el anuncio del reino? No hay excusas. Yo debería saber que para anunciar el reino no necesito renunciar a enterrar a mi padre, o partir sin despedirme de mi familia… ¡todo lo contrario! Un verdadero hijo del 31 de mayo sabe que no es una cosa o la otra, sino que son las dos cosas juntas. Anunciar el evangelio enterrando al padre y permaneciendo con la familia. Ser buen papá y buen esposo. Ser íntegramente católico. Ser excelente en mi trabajo. Unir todo lo anterior con originalidad. ¡Ese es el mejor testimonio de evangelización!

Jesús, qué fuerte me has interpelado hoy. Qué tremendo ver que estoy tan aferrado a mis preconceptos que no soy capaz de poner al frente lo más importante: anunciar tu reino. Edúcame como un hijo del 31 de mayo. Que nunca vea mi propio orden de ser como un freno para anunciar tu reino. Pero que tampoco me escude en el anuncio de tu reino para dejar de lado a quienes Tú me has confiado: mi mujer, mis hijos, mis colegas, mis amigos…. Edúcame para el amor orgánico, para la libertad y para el heroísmo. AMÉN