Evangelio según Juan 3, 16-21
Miércoles de la segunda semana de Pascua
Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no es condenado, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.
Meditación de Francisco Bravo Collado
“Tanto amó Dios al mundo”
Es como si Dios Padre nos dijera: “Hijos míos, yo los amo, y no me quedo en la palabras o en los gestos, sino que los amo con hechos probados. ¡Cuánto me gusta verlos agradecidos, cuando me alaban por el mundo que les he hecho, en toda su complejidad y simpleza! Cuando se emocionan con un paisaje, cuando les sorprende alguna actitud cariñosa de sus hermanos, o cuando algún niño les arranca una sonrisa. Pero nunca se olviden que mi acto de amor más grande, el más profundo, el más significativo, es mi hijo Jesús.”
Me sorprende este mensaje. Siempre que pienso en el amor de Dios, me siento agradecido por la vida, por las personas que me rodean, por algún paisaje. Pero en realidad son pocas veces que doy gracias por Jesús. Jesús es el mejor regalo de Dios hacia mí. Más que mi salud, que mis capacidades, que mi personalidad, e incluso que mi familia. Y de hecho, no es un regalo que siquiera compita con los otros, porque si bien es un regalo que supera todos los dones de Dios, también da plenitud a todos los otros. Porque Jesús le da un sentido nuevo a todos los dones de Dios: la naturaleza, mi inteligencia, la capacidad de amar, etc.
Señor, te alabo y te bendigo por los regalos maravillosos que nos das. Todo lo bueno nos viene de Ti, y tu regalo más grande es Jesús, que se hace hombre para salvarnos. Enséñame a valorar este secreto tan importante. Hazme más cercano a tu hijo, más fiel a su mensaje y transfórmame en un apóstol. Perdóname por todas las veces que pierdo las perspectivas y antepongo otras cosas menores al regalo de Cristo. Ayúdame a transmitir esta verdad a los que están conmigo, para que ellos, que tanto gozan de tus regalos, puedan gozar aún más conociéndote a Ti, que eres quien da sentido a todo lo bueno. AMÉN