Evangelio según san Lc. 11, 29-32
Miércoles de la primera semana de cuaresma
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
Meditación de Osvaldo Andrés Iturriaga Berríos
«Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás»
Siento como si el Señor me dijera «¿Por qué te cuesta tanto creer? Has visto en tu vida tantos signos de mi amor por ti. Tómate el tiempo de pensar en tantas personas, lugares y situaciones donde has sentido que estoy cerca, que te he hablado directamente, y que has experimentado que eres más feliz viviendo de la forma en que te invito, y no de la que tú quieres llevar. No esperes más signos para convertir tu corazón y seguirme».
Suena tan duro este pasaje del evangelio, hasta contradictorio con el Jesús Buen Pastor, que comparte con pecadores y que promete el paraíso al ladrón en la cruz. Pero el Señor me recuerda que su mensaje no es algo tibio ni dulzón, sino que un llamado potente y de cada día a la conversión, y esta conversión inevitablemente me hace confrontar su palabra con todo aquello de mí que no quiero ver. Me hace ver que hay cosas en mi vida que, aunque intente bajarles el perfil, me centran en mí mismo, y así me alejan de elevar la mirada hacia Él.
Querido Señor Jesús, muchas veces tiendo a esperar nuevos «signos» de parte de Dios, o que se cumplan ciertas condiciones para recién entonces seguirte con decisión. Ayúdame a escuchar hoy el llamado a la conversión, y como María, guardar en mi corazón y meditar los distintos sucesos en los que me visitas, para no olvidar que has estado y estás siempre invitándome a una vida distinta, más plena y más ordenada a tu Amor. AMÉN