Evangelio según san Lc 12, 39-48

Miércoles de la semana 29 del tiempo común

 

Jesús dijo a sus discípulos: «Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada». Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?». El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: ‘Mi señor tardará en llegar’, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.»

 

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

“¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!”

Es como si Jesús me dijera: “Está preparado tú también. Sé, como los hombres que esperan el regreso de su señor. Y con eso me refiero a que tengas preparada tu alma, lo que va más allá de la confesión. Puede que no tengas ningún pecado, pero si no estás dedicando tu vida a aquello para lo cual estás en el mundo, entonces no te estás preparando bien. Y también cuida tu atención, el empeño que pones en las cosas. Pon tu corazón en lo que haces. Hazlo bien y consciente de qué significa.

Me impacta este texto. Siento que hago tantas cosas y que son tan dispersas, que me quedo con la sensación de no estar preparando bien mi vida para la vida de más allá. Hago cosas, pero no sé si son las cosas correctas. Y tampoco creo hacerlas con todo el corazón. Me siento desparramado. Me pregunto si retirarme un tiempo me va a dar foco. O si continuar adelante y tratar de ordenar la carga en el camino permita llegar a donde el Padre del cielo quiere que llegue. Estoy perdido y tengo la sensación que, si llega el señor de la casa, no me va a encontrar haciéndolo todo lo bien que podría.

Jesús, sé Tú mi guía y muéstrame cómo ser un buen siervo tuyo. Y si vienes a buscarme y me encuentras desenfocado o sin la fecundidad que Tú esperabas, que al menos me encuentres haciendo mi mejor esfuerzo. Envía tu Espíritu Santo para que me haga diligente y atento, y que pueda dedicar mis fuerzas a construir el reino de Dios, el reino tuyo, acá en la tierra. Quiero ser trabajador y atento. AMÉN