Evangelio según san Jn. 17, 6. 11-19

Miércoles de la semana séptima de Pascua

 

A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
“Padre santo, manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Cuídalos en tu Nombre – el Nombre que Tú me diste – para que sean  uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, Yo los cuidaba en tu Nombre que me diste; los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. No te pido que lo saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como Tú me enviaste al mundo, Yo los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.

 

Meditación de Osvaldo Iturriaga Berríos

 

“Que sean uno, como nosotros”

 

Siento como si el Señor me dijera “nadie puede vivir ni salvarse solo. Ustedes fueron hechos a imagen y semejanza de Dios, y Dios es una Trinidad. De la misma manera, estás llamado a vivir y relacionarte con otros, en una comunidad de amor, en la cual todos tienen el mismo valor. Por eso, nunca desprecies a tu prójimo, ni sientas que no tienes nada que ver con él. Cada persona que aparece en tu camino, es una invitación a hacerla parte de tu comunidad humana, a descubrir en ella el rostro de Dios.”

 

Qué contraintuitiva suena la palabra de Jesús a veces. En esta época donde nos hemos acostumbrado a dividirnos en un “nosotros contra ellos”, en que nos separamos y construimos barreras con quienes tienen una opinión política, ideología, nacionalidad, origen social o color de piel, distintos a las nuestras, decir que “seamos uno” suena como algo ingenuo, hippie, incluso estúpido. Lo más obvio es decir “¿Cómo te vas a juntar con ellos, cómo vas a escuchar a esa gente? Esos no son como nosotros”. Pero Jesús nuevamente nos llama a romper nuestras rigideces y esquemas, y salir al encuentro de aquel que consideramos “otro”.

 

Señor Jesús, gracias por tu palabra que es siempre nueva y desafiante. Gracias por recordarme la riqueza de encontrarse con aquellos que considero que “no son como yo”; por la gracia de sorprenderme y darme cuenta cómo estás presente en todos, de las formas más diversas. Dame la humildad de no prejuzgar, para no ponerle límites a tu amor ni a las personas donde puedo encontrar tu rostro. Ayúdame también a no tener la soberbia de pensar que hay personas que no merecen mi atención, mi compasión o mi amor. Ayúdame a amar con ese amor verdadero, que responde al mal con bien y al odio con paz. AMÉN