Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Miércoles de la semana 1ª durante el año
Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados,
y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando». Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido». Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.
Meditación de Francisco Bravo Collado
…porque enseñaba con autoridad.
Jesús dice: “¿Saben por qué mi forma de enseñar es novedosa? Porque es vital y afectiva. No es una pedagogía de pupilos o aprendices, sino de hijos: Yo enseño cariñosamente sobre el cariño del Padre que me envía. Esto permanece vigente hoy: yo les enseño sobre el amor del Padre a través de todo lo que están viviendo, mediante cada detalle de su vida diaria. Está bien que les impresione que yo pueda exorcizar los demonios, pero lo más maravilloso no es eso: es el amor del Padre, que me envía a mí a enseñarles con cariño humano.”
Para mí es un gran consuelo saber que Jesús viene a nosotros, no solo a sanar nuestros demonios, sino que también a amarnos y enseñarnos a ser amados por el Padre del Cielo. Muchas veces me pongo nervioso y me baja el temor a estar fallando. Esta imagen de Jesús enseñando, me da fuerzas para entender su misericordia y amor, que van más allá de mis pequeñeces. Por un lado, me siento aliviado, pero por otro, me lleno de ganas de estar más cerca de Él.
Padre, no me canso de decirlo cada vez que te encuentro: ¡eres tan bueno! Tu amor es tan delicado que nos llega de las formas más sorprendentes, a través de cosas muy cotidianas, pero también a través de grandes mociones. Te quiero regalar la alegría que yo siento al sentirte cerca. Enséñame a mí tal como le enseñabas a la gente de Galilea. Expulsa mis demonios y hazme fiel y puro para servirte. Sácame las esclavitudes que tengo en el alma y úsame como instrumento para servir en tu mesa, para poder comer y celebrar tu amor con todos tus hijos. AMÉN