Evangelio según san Mt. 5, 17-19

Miércoles de la tercera semana de cuaresma.

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la Ley o los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

 

 

Meditación de Osvaldo Iturriaga Berríos

 

“Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.”

 

Siento como si el Señor me dijera “cuando tengas dudas sobre cómo actuar, cuando sientas que no tienes clara cuál es la voluntad de Dios, observa mi propia vida. Yo soy la Ley de Dios encarnada, mi vida es un testimonio patente de la voluntad del Padre, que te invita a amar hasta el extremo, a pagar mal por bien, a perdonar a tus enemigos, a amar a quienes hablan mal de ti, que te hacen daño, que te calumnian o te tratan injustamente. Si esto suena inalcanzable para tus capacidades humanas, pide esa gracia divina que te ayudará a superar los límites humanos, y te enseñará a amar como Dios ama al mundo”.

 

Mucho hablamos del llamado a amar al prójimo como a uno mismo, pero al mismo tiempo, ponemos todo tipo de límites -algunos muy lógicos- a ese amor. Nos parece un completo absurdo amar a ese que nos amenaza, al estafador, al ladrón, al criminal, al asesino. Y también suena ilógico amar al que habla mal de ti, al que te hizo un “chanchullo”, o que te trató mal o te hizo daño sin saberlo. En mi vida diaria veo que soy incapaz de amar de verdad, que solo amo (o intento hacerlo) a las personas que creo que se merecen mi amor. Hoy el Señor me invita a abrir de verdad el corazón a vivir este mandamiento de amor que no conoce fronteras ni límites lógicos.

 

Señor, gracias por mostrarme que no soy tan especial como quiero creer que soy. Tengo la misma -o peor- incapacidad de amar que muchas personas a las que critico por su falta de empatía o de caridad hacia otros. Regálame la humildad de saberme profundamente débil, limitado, y necesitado de Ti, de saber que mi única posibilidad de crecer en el amor es a través de la comunión profunda contigo, de entregarte el corazón sin reparos para que lo transformes y crezcas en él. Dame la valentía de entregarme a Ti sin miedos, para poder llegar a ser un instrumento de tu Paz y de tu Amor en el mundo. AMÉN