Evangelio según san Mt 5, 17-19
Miércoles de la décima semana del tiempo común
Jesús dijo a sus discípulos: «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»
Meditación de Alejandra Castelblanco Moreira
…para traer lo definitivo
Jesús parece decirnos: ustedes se preguntarán qué es lo definitivo y la palabra definitivo
significa: “que es como debe ser y ya no está sujeto a cambios.” Entonces, yo vine a eso, a
decirles y mostrarles cómo se debe ser. Este camino es exigente y duro y existe la tentación
de creer que las cosas se harán al modo humano. El pueblo de Israel esperaba a un
salvador a su medida: que destruyera con violencia a sus opresores y que los pusiera en una
situación privilegiada a los ojos de los hombres. Y qué pasó: vino un Salvador a la medida
de Dios que murió y resucitó, para ponerlos en una situación privilegiada: el cielo.
Todo cambia, cada día somos distintos. Todos los días hay situaciones que hacen que las cosas, sucesos y personas evolucionen. Entonces, es cierto, solo Dios es definitivo, Él está ahí,
Él es. Jesús cumple lo que Dios selló con su pueblo en el Antiguo Testamento. Nada es al
azar y eso me maravilla y me da seguridad porque todo está bien planificado y sé que
anclándome a Él obtengo libertad. Pienso en este día, yo había planificado salir, pasear un
rato y hacer unas compras para la casa y me llama mi nana para decirme que se enfermó,
tenía que esperar al maestro que arreglaría el portón y al técnico del computador. Me quedé
todo el día en la casa, haciendo cosas que no planifiqué.
Señor: cada día me sorprendes, me hablas y me conduces. Tú sabes qué es lo que me hace
crecer y qué me detiene. Tu pedagogía es sorprendente, me hablas en los demás, en las
cosas que pasan, en el dolor de los que sufren, en los niños que pones en mi camino y solo
para que me dé cuenta que lo único definitivo eres Tú, tu palabra y tu obra. Que la
meditación de la vida, sea el faro en mi camino para que no deje ningún minuto de
reconocer tu voluntad y así ser más libre y alcanzar la felicidad de tener un corazón lleno
de tu gracia. AMÉN