Evangelio según san Mt 15, 21-28

Miércoles de la semana 18 del tiempo común

 

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡ Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

“Mujer, qué grande es tu fe”

Jesús nos diría: “Miren a esta mujer, que se encontró conmigo y me pidió que la socorriese. Yo me negué, como me he negado tantas veces a ayudarles a ustedes. Le dije que no, y ella me siguió insistiendo. Ustedes, cristianos del siglo XXI, han aprendido tan poco a insistir… Atrévanse a hacer suaves violencias para que Yo les ayude, yo soy el Dios de la historia, ¡y actúo hoy! ¿por qué no son capaces de ponerlo en práctica?”.

Qué emoción más grande ver a Jesús sorprendido por la fe de esta mujer cananea. En el evangelio del domingo pasado lo veíamos reprimir a Pedro por la poca fe de este; y hoy nos encontramos con lo contrario: vemos a un Jesús atónito ante la fe de una mujer que le insiste y le pide ‘migajas’. En la cercanía de la fiesta de san Maximiliano Kolbe, tenemos la oportunidad de mirar a un hombre que creyó que la vida no termina en este mundo, y que dio la suya por un hermano.

Señor, dame la fe de esta mujer, y la capacidad de insistirte una y otra vez. Tú sabes que yo te pido una y otra vez las mismas cosas, por las mismas pequeñeces, por las mismas personas, por las mismas injusticias; hazme fiel a ellas, y dame la fe para seguir trabajando en ellas, y pidiéndote a Ti por ellas. Regálame el espíritu que infundiste en san Maximiliano Kolbe, que creyó en una vida más allá de esta, en la cual estás Tú y tu Padre. AMÉN