Evangelio según san  Mc 12, 18-27

Miércoles de la novena semana del tiempo común

San Carlos Lwanga y compañeros, mártires de Uganda

 

«Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron: «Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto. Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también sin dejar herederos, y así el tercero. Y pasó lo mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer. En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa.» Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden las Escrituras y tampoco el poder de Dios. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles. Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.»

 

Meditación de Sebastián Castaño Fueyo

 

“Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos”

 

Jesús parece decirnos, ¡estoy vivo, Yo soy la vida misma! Estoy presente en tus vivencias, atento a tus alegrías, a tus anhelos, a tus dificultades, a tus caídas y dolores. Quiero acompañarte a donde vayas, en tus proyectos, en tu vocación. Recíbeme con humildad, busca mi presencia, y así podrás dar testimonio de Dios mediante tus obras. No dejes que tu condición humana y la vida mecanicista, te impida creer con fe y apague tu sed de Dios.

Creo que es normal en nuestra condición humana el dudar y cuestionarse, pero eso hay que compartirlo con Jesús, rezarle para buscar sus respuestas y luego aceptarlas con fe. El poder y el amor de Dios van más allá de lo que los hombres podemos racionalmente entender. Pienso que este evangelio, en definitiva, me invita a comprender que la prioridad es el amor a Dios, el amor a mi familia y a mis hermanos, y que lo material es secundario, finito y no trasciende.

Señor Jesús, perdón por tantas veces en que has pasado desapercibido para mí, como si no estuvieras presente. Sé que vives para amarnos y que te haces presente a través de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Tú eres la vida y la verdad. Regálame la gracia de verte más, de incorporarte más seguido en mis vivencias, y de buscarte con fe anhelando que mis obras y forma de vivir sean reflejo de tu amor. Que María me lleve más cerca de Ti. AMÉN