Evangelio según san Mt 8, 28-34

Miércoles de la semana 13 del tiempo común

 

Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara».

El les dijo: «Vayan». Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron. Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

 Meditación de Francisco Bravo Collado

“¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?”

Es como si Jesús me increpara: “Tú, que no te consideras bueno, pero te consideras mi

amigo, actúas igual que estos endemoniados cuando me acerco a ciertas áreas de tu vidas.

No me dejas entrar. Igual que muchos otros crees que estoy acercándome a ti para

atormentarte, para inmiscuirme en tu vida. Y no es así. Vengo a revivificar todo, y conducir

todo hacia el Padre”.

Cuando leo este texto, lo primero que hago es imaginar la historia desde el lado de los

buenos. Pero cuando profundizo me sorprende la imprecación de los endemoniados:

recriminan a Jesús que viene a atormentarlos. Y descubro que yo mismo he vetado la

mirada de Jesús sobre amplias áreas de mi vida. Quiero que entre en toda mi vida… pero en

esas áreas particulares todavía no. Que no venga antes de tiempo. Que me permita seguir en

el error y el pecado un poco más.

Jesús, entra en esto que me incomoda. Hazlo pronto. Ahora mismo. Mira cómo estoy de

desolado sin Ti. Mira cómo me acomoda esta pocilga donde puedo ser inhumano y

descarnado. Ven conmigo y límpialo Tú. Enséñame a no engañarme a mí mismo: sácame de la falacia en que asumo que te excluyo para conservar un espacio de libertad  y relajo.

Muéstrame la verdadera libertad y el verdadero descanso, que está en Ti. AMÉN