Evangelio según Juan 3, 7-15

Martes de la segunda semana de Pascua

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: Tienes que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?» Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen al decirles cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna».

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

«¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?

 

Pareciera que Jesús, tal como le dijo alguna vez a Nicodemo, me dijera ahora a mí: “Tú, schoenstattiano viejo, después de tanto tiempo caminando a mi lado, ¿y aún no entiendes cómo funciona el Espíritu? El Espíritu sopla desde cualquier lado, sin que tú sepas de dónde. Te veo obsesionado y ansioso. Es como si quisieras obligarlo a que te bendiga y te ilumine de la forma y en el lugar que tú quieres que Él te bendiga. No funciona así: el Espíritu sopla donde se le necesita y donde suscita los frutos que mi Padre del cielo necesita.”

 

Cuando leo este texto siento un poco de vergüenza y de orgullo mezclados. Vergüenza porque es verdad que estoy presionando al Espíritu para que me bendiga con sus frutos. Orgullo porque estoy haciendo cosas concretas para recibir la bendición que necesito. Pero cuando medito con mayor profundidad, veo que no estoy dando la lucha que me va a dar una bendición. Jacob luchó la noche completa por la bendición del ángel y llegó a quedar cojo de por vida por esta lucha. Creo que aún estoy luchando a medias. Me siento animado e intimidado a la vez.

 

Dame tu bendición, Señor. Dame la claridad que necesito para luchar por tu bendición toda la noche, sin descansar, más allá de mi propio dolor y limitación. Dame ser sencillo y confiado en tu amor para saber que si no se me da, es porque no lo necesito o porque no he luchado lo suficiente para tenerla. Hazme perseverante y valiente como para enfrentar tu ángel cuando viene a encontrarse conmigo. Dame el valor que no he tenido para tomar el toro por las astas en tantas dimensiones de mi vida –y particularmente de mi trabajo- que me causan dolor y frustración. AMÉN