Evangelio según san Jn 16, 5-11

Martes de la semana sexta de Pascua

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’. Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. El pecado está en no haber creído en mí. La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán. Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.»

 

Meditación de Gonzalo Manzano González

 

“Si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se los enviaré.”

 

Jesús parece decirme: El Espíritu Santo es el que finalmente les vino a explicar todo. No es que haya agregado algo nuevo a mi mensaje, sino que Él es quien abrió sus mentes con sus dones, para entender en la medida de sus capacidades y de su oración constante para recibir estos dones, qué es lo que Yo vine a decirles, pero, sobre todo, lo que con el Padre y el Espíritu queremos para ustedes. Vengan a Mí porque Yo los calmaré, su alegría será completa y será eterna, porque mi amor por ustedes es infinito. Si Yo que soy Dios di mi vida por ustedes, tengan por seguro que todo lo demás es solo una muestra de amor menor que esa.

 

El Espíritu Santo es tan enigmático como su propio nombre. Si el Padre es un “hombre maduro”, un viejito querendón pero severo, y Jesús es mi hermano, mi salvador, un hombre como yo, pero Dios como Él mismo, el Espíritu es incorpóreo. Creo que representarlo como una paloma no le hace justicia. Si después de todo es quien entra en mi alma para abrir mis persianas que no me dejan ver a Cristo en su plenitud, es mucho más que un pajarito. Debería acercarme mucho más a Él, porque en sus dones y fines está la verdadera capacidad de acercarnos a Dios.

 

Señor Jesús, quizás jamás logremos entender tu Trinidad, sino hasta que compartamos contigo por tu gracia divina, la vida eterna. Aun así, seguramente nos costará entender la enorme dimensión que tu Espíritu Santo tiene en ella, y cómo impacta directamente en nuestro día a día. Quiero pensar que es el mismo Espíritu el “angelito” sobre mi hombro que me ayuda a discernir entre el bien y el mal. Es Él quien instruye a mi ángel de la guarda para que me cuide y me lleve por el buen camino. Sé que me salgo a cada rato, y sé que Él en su amor infinito, me espera a la orilla del camino para que vuelva a caminar con Él. AMÉN