Evangelio según san Lucas 17, 7-10
Martes de la semana 32 del tiempo ordinario
San Martín de Tours, obispo
Jesús dijo a sus discípulos: Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: “Ven pronto y siéntate a la mesa”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después”? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”.
Meditación de Francisco Bravo Collado
“Somos simples servidores”
Es como si Dios Padre me dijera: “Yo te hice con amor para que estés. Así que hazlo: habita, respira, trabaja. Admira el regalo de estar. Y permanece conmigo a lo largo del día. Llévame contigo a tu quehacer diario: a tu familia, a tu trabajo, a las actividades prosaicas del día a día. Haz tu trabajo concentrado y con sencillez. Cuando termines, continúa trabajando y sirviendo. Y en cada cosa que hagas tenme contigo, acompañándote y bendiciéndote; haciéndote fecundo y consciente.”
Creo que hace algunos meses me hubiera incomodado este evangelio: me hubiera chocado que se hablara de sirviente, o que el trato no fuera horizontal. Pero hoy me parece muy natural. ¿Quién soy yo para merecer un puesto en la mesa? Siento que existir y servir es un regalo y que esta conciencia de gratitud por poder servir también es un regalo. Quiero aprender a ser como el hijo pródigo, que sueña con volver a la casa del Padre para cuidar los cerdos y ser como un criado más. Siento el anhelo de trabajar con sencillez en el día a día, sin preocuparme por los títulos o las recompensas.
Señor, quiero ser un siervo sencillo y fiel. Quiero atesorar esta gratitud por poder experimentar la existencia. Gracias por tu creación. Gracias por haberme hecho a mí dentro de esta creación tuya. Gracias por todos los hermanos que hiciste y que me rodean. Gracias por hacer todo el resto de las cosas. Ayúdame a trabajar para Ti y servirte. Hazme útil para mis hermanos y para tu reino. Quítame esa lógica que a veces me toma, de buscar comodidad como compensación por lo que hago. Que mi descanso me permita encontrarte a Ti, llenarme de Ti y ser capaz de derramarte a mi alrededor. AMÉN