Evangelio según san Mt 15, 1-2. 10-14

Martes de la semana 18 del tiempo común

San Juan María Vianney, presbítero

 

Entonces, unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?». Jesús llamó a la multitud y le dijo: «Escuchen y comprendan. Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella». Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?».
Él les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo».

 

Meditación de Juan Francisco Bravo Collado

 

“Ciegos que guían a otros ciegos”

 

Pareciera que Jesús me dice: “Te da rabia. Te molesta este ritualismo, esta rigurosidad, estas prebendas de poder que descubres por todos lados. Te molesta cuando la ves en amigos que quieres tanto, que admiras tanto y que te confunden cuando se ponen así de leguleyos. Te molesta, sobre todo, cuando la descubres en Ti. Pues Yo te digo: qué bueno que te moleste. Qué bueno que te violente y que te dé rabia, porque debería molestarte, y debería remecerte y mantenerte atento. Y cuando lo ves en ti, que aprendas a pedir perdón. Y cuando lo ves en quienes amas, aprendas a desafiarlos y a remecerlos fraternalmente.”

 

Cuando leo este texto pienso en nuestra iglesia, donde pareciera que muchos actuamos como estos fariseos. Pareciera que estamos más preocupados de indicar quién puede o no puede comulgar, qué reunión debe ser autorizada por el párroco o el obispo o qué certificados y pergaminos debe presentar un padrino de un recién bautizados. Me da pena y vergüenza, porque en vez de acoger y bendecir, rechazamos y maldecimos. Y, si bien yo no estoy ajeno a esa ceguera de fariseo, también me da mucha rabia, y me dan ganas de remecer a los que veo en esa actitud.

 

Jesús, cómo y hasta qué punto me tocas el corazón con tu evangelio. Enséñame a ser sencillo y a poner las cosas importantes primero que las cosas accesorias. No me dejes convertirme en fariseo, sobre todo sabiendo que tengo una tendencia naturalmente proclive a decir a los demás cómo deben actuar. Enséñame, por el contrario, a levantarme y enfrentarme a las posiciones dogmáticas que no tienen sustento. AMÉN