Evangelio según san Mc 12, 13-17
Martes de la novena semana del tiempo común
Le enviaron después a unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarla o no?». Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario». Cuando se lo mostraron, preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?». Respondieron: «Del César». Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios». Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.
Meditación de Juan Francisco Bravo Collado
“Debemos pagarla o no?”
Jesús nos podría estar diciendo: “Hijos míos, no traten de entramparme en preguntas retóricas. Háganlo bien donde estén, y no busquen excusas. ¿Tienes un trabajo? Entonces produce resultados, y hazlo bien. ¿Tienes obligaciones? Entonces cúmplelas, y cúmplelas a cabalidad. ¿Vives en democracia? Entonces infórmate, y participa en la sociedad civil con ideas y con responsabilidad. ¿Hay gente que depende de ti? Entonces entrégate a ellos, y que a través de tu ayuda ellos puedan prosperar. Mis exigencias son muchas y muy altas, pero ellas no te impiden hacer con excelencia todo el resto de las cosas que te rodean.”
Este evangelio me toca una dimensión muy doméstica, que yo mismo no me la esperaba. Veo que he tratado de hacer las cosas bien desde dentro, pero hay algunas tareas que no estoy haciendo bien. Es verdad que no son centrales, pero son de mi responsabilidad y tiendo a excusarme a mí mismo con lo importante, para justificarme de no hacerlas. Van desde el 1% que me pide la Iglesia (que no me he preocupado de pagar) hasta renovar mi pasaporte. Al leer este evangelio, me doy cuenta de que he dejado de lado cosas básicas, que tal vez no son lo central, pero que sí permiten que me desenvuelva en mi medio; y ninguna vida de oración, apostolado o formación sirven como excusas para no cumplirlas.
Jesús, quiero reconocer que he tratado de justificar mi flojera con un nivel de trabajo y de responsabilidades que te atribuyo a Ti. Perdón por dejar de lado las tareas más simples y básicas. Enséñame a mirarlas con mayor responsabilidad. Gracias por hacer que me sienta cercano a Ti, pero ayúdame a que también sea capaz de dar al César lo que es del César. Te ofrezco trabajar en las grandes tareas con ánimo, como Tú me invitas; pero también cuidar los pequeños encargos que hacen el día a día extraordinario. AMÉN