Evangelio según san Lc 13, 10-17

Lunes de semana  30 del tiempo común

 

Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga. Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera. Jesús, al verla, la llamó y le dijo: «Mujer, estás curada de tu enfermedad», y le impuso las manos. Ella se enderezó en seguida y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud: «Los días de trabajo son seis; vengan durante esos días para hacerse curar, y no el sábado». El Señor le respondió: «¡Hipócritas! Cualquiera de ustedes, aunque sea sábado, ¿no desata del pesebre a su buey o a su asno para llevarlo a beber? Y esta hija de Abraham, a la que satanás tuvo aprisionada durante dieciocho años, ¿no podía ser librada de sus cadenas el día sábado?». Al oír estas palabras, todos sus adversarios se llenaron de confusión, pero la multitud se alegraba de las maravillas que Él hacía.

 

Meditación de Ángel Mansilla Pena

 

“Y esta hija de Abraham (…) ¿no podía ser liberada de sus cadenas el día sábado?”

 

Me pregunto ¿Cuál es el día apropiado de nuestra liberación, de aquello que nos ata, nos reprime, que nos asedia y angustia?

 

En el último tiempo León XIV ha visitado España, Francia y pronto vendrá a Sudamérica. Multitudes se congregan a su paso, le aclaman, oyen sus alocuciones. Todos discurren acerca de la bondad, esperanza y victoriosidad  de su magisterio.

Sin embargo semanas después esas mismas calles se atiborran de desasosiego, de violencia, de recriminaciones y de discordia.

Hay clamor por justicia, mayor dignidad y paz.

Pareciera que quienes deben oír no oyen… ni siquiera al Papa. Oídos sordos para el evangelio cuya vigencia supera cualquier sábado.

Y entonces… qué ocurre en mi microcosmo, en mi esfera, en mi metro cuadrado. ¿Cuál es mi actitud, cuál es mi respuesta?

 

¡Sáname Señor!

 

Te lo suplico, dame tu paz, tu luz, para abrir mi corazón a tu querer, a tu voluntad, a tu palabra.. Dame el coraje y la fortaleza para proclamarla con mi vida cada día.

 

María, Madre del buen consejo, ruega por nosotros. AMÉN