Evangelio según Lucas 7, 1-10
Lunes de la semana XXIV del tiempo ordinario
Nuestra Señora de los Dolores
Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: “Él merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga”. Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: “Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo –que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes– cuando digo a uno: ‘Ve’, él va; y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘¡Tienes que hacer esto!’, él lo hace”. Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe”. Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.
Meditación de Bernardita Marín Paúl.
“… no soy más que un oficial subalterno”
Creo que el Señor me quiere decir; realmente reconoces mi autoridad y la de mi iglesia fundada por Mí. He dejado un legado espiritual, voz viva que transmite mis enseñanzas, necesarias para la salvación. Si no hubiera formado una iglesia, hoy día mi nombre, no se conocería. Mi iglesia, además de enseñar, dictar leyes, santificar, debe gobernar. Dale a la iglesia el lugar que corresponde en tu vida de fe, Yo y ella somos uno y sería bueno que respondieras al llamado de autoridad que ella tiene.
Hoy que está deteriorada la autoridad de la iglesia, este evangelio me resuena mucho. Me siento en el deber de replantearme esto. Cristo fundador de su iglesia, infunde la autoridad que le corresponde como, guía de salvación y protectora de nuestra fe. Siento la necesidad de ser fiel a mi casa, mi hogar, a los míos, mi iglesia, respaldarla y apoyarla. Creo en las promesas de nuestro Señor, que esta será guía y autoridad de su Reino en la tierra y que fue construida sobre roca y prevalecerá hasta el fin de los tiempos.
Señor permíteme entender y ver la obra salvadora de la Iglesia. Somos todos tu rebaño, cuídanos y protégenos del mal. Permite la purificación de tantos y que otros no te abandonen. Al abandonar tu iglesia, abandonan la fe y la casa de todos, la familia de Dios. Este legado, lo creaste para que reinaran en la tierra tus palabras de salvación y de vida. Te pido mi conversión en este gran tema y entender en profundidad, tu obra maravillosa y ser capaz transmitir el amor y fidelidad a tu obra, La Iglesia. Que así sea. AMÉN