Evangelio según san Lucas 11, 29-32
Lunes de la semana 28 del tiempo ordinario.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: “Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás”.
Meditación de Francisco Bravo Collado
(Esta generación) “pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás”
Jesús podría estar diciéndome: “Aquí hay alguien que es más que Jonás. Yo, Cristo, el Hijo de Dios Vivo. Y, sin embargo, tú te estás comportando como Jonás. Te llamo y te haces el sordo. Te pido que vayas a Nínive, y arrancas en dirección contraria. Te rodeo de gente que te invita a seguirme con plenitud, y tú te imaginas que puedes engañarlos aduciendo que necesariamente debieras ir con otro destino. Desato una tempestad, y tú te escondes en el fondo de la embarcación. ¡Despierta! ¡Reconoce lo que está pasando! ¡Deja de actuar como un payaso y conviértete en el profeta que tu tiempo y tu pueblo necesitan!”.
Me avergüenza compartir esta meditación. Porque sé que estoy como Jonás: de payasada en payasada. También me avergüenza sentir que Jesús me llama a servirlo y que es importante para Él. Que me pide que sea fiel a la Alianza de Amor que sellé con su Madre. No es un rol cómodo: no me gusta ir a decir a los demás que es necesario cambiar; que las cosas no están como debieran estar. Que estamos metiéndonos en algo de lo que, si no enmendamos el rumbo, no vamos a poder salir. Pero sé que es lo que toca.
Jesús, amigo y maestro, Tú me llamas a caminar contigo. Voy donde me llames. Aquí está tu servidor. Tú me acompañas en cada paso y, desde la cruz, tu madre porta un cáliz desde el cual recibo torrentes de bendiciones. Perdón por negarme a anunciar lo que me muestras con tanta nitidez. Regálame la fidelidad y la sencillez que necesito para ser tu apóstol. Muéstrame tu rostro en mis hermanos para que yo pueda servirte con menos dudas. Con menos desconfianza. Dame confianza, Señor. AMÉN