Evangelio según San Juan 10, 1-10
Lunes de la cuarta semana de Pascua
En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guardián y las ovejas reconocen su voz, y él llama a cada una por su nombre y las conduce fuera. Cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió Jesús: «Les aseguro que yo soy la puerta de la ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí, se salvará, y podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón solo viene a robar, a matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».
Meditación de Francisco Bravo Collado
“Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”
Es como si Jesús nos dijera: “Yo he venido para que tengan vida en abundancia, y no para que se pasen encerrados pensando. Yo los invito a que sean hombres de acción, que tengan vidas interesantes, que se entreguen con pasión en sus trabajos y en sus familias, que amen con locura a la mujer que les di, que sean hijos querendones, que celebren con sus amigos, que hagan arte, que vayan por el mundo riéndose y corriendo riesgos. No los quiero apocados, los quiero con vida en abundancia.”
Cuando veo a Jesús diciéndonos que ha venido para que tengamos vida en abundancia, me encuentro de sopetón con todos los prejuicios que me quitan vitalidad. Pareciera que ser cristiano fuera ser apagado y sosegado; o estar preocupado de las cosas que hago mal. Me preocupo de que estoy rezando poco, que no me confieso hace tiempo, que voy poco al Santuario y Jesús quiere que viva, que me desangre, que crezca.
Jesús, regálame conocerte cada día más. Si Tú no guardas la puerta de tu redil, nosotros no nos vamos a sentir seguros para salir a vivir en abundancia. Regálame audacia. Que me atreva a hacer cosas nuevas, a soñar los sueños tuyos, los sueños que Tú tienes para esta Iglesia chilena, nuestra madre, que está tan herida. Haznos tener vida en abundancia, y que amemos esa vida, porque Tú nos invitas a vivirla con pasión y entrega. AMÉN