Evangelio según san Mateo 1, 1-6. 18-23
Lunes de la semana XXIII del tiempo ordinario
La Natividad de la Santísima Virgen María
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat; padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: «Dios con nosotros».
Meditación de Francisco Bravo Collado
No tengas reparo en llevarte a María.
Es como si el ángel nos dijera a nosotros, tal como le dijo a José: “No tengas reparo en llevarte a María, no la repudies aunque te resulte incómoda. No tengas reparo, aunque dudes. No tengas reparo de enamorarte de María, aunque sus frutos no sean tuyos, aunque tu vida ya deje de pertenecerte y se te exijan saltos mortales tras saltos mortales. No tengas reparo en llevártela, en amarla, en hacerla tu mujer, en ponerla en el sitio más importante de tu vida; no tengas reparo en empeñar tu corazón por el de ella, porque esta es la forma -la mejor, la más natural, la más hermosa de todas las formas – que Dios tiene para traer a Jesús al mundo”.
Hoy día quiero renovar mi amor por María. Un amor de hombre que confía, de hombre como José, orgulloso y tozudo que es capaz de abajarse y ceder. Me gusta imaginar a José enamorado de esta niña que va a tener un hijo que no es suyo. A este José, carpintero y rudo, incapaz de hacerle daño a esta chiquilla que evidentemente debió haber cometido infidelidad. Figurarme el alivio que debe haber sentido con el mensaje del ángel, el temor, y una vez que este temor desaparece, la época que sigue, una vez que se van a vivir juntos, en la cual puede conocerla a ella, estar juntos y compartir el día a día.
Señor, yo quiero llevarme a María a mi casa. No tengo reparos, es lo que más quiero. Quiero compartir mis días cotidianos con ella, que ella sea quien me aliente en mis proyectos, que ella sea la que comparta mis esfuerzos. Aún más, en vez de que ella me aliente en mis proyectos, quiero que sus proyectos sean los míos. Que mi amor por ella y el amor de ella por mí construyan a través mío el reino de su Hijo y, por medio del Espíritu, conducirlo todo hacia el Padre, donde pertenecemos. AMÉN