Evangelio según san Lc 6, 6-11
Lunes de la semana 23 del tiempo común
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y quédate de pie delante de todos». Él se levantó y permaneció de pie. Luego les dijo: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?». Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él la extendió y su mano quedó curada. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.
Meditación de Ángel Mansilla Pena
“Extiende tu mano”.
Invitación permanente de Jesús, en toda circunstancia, lugar, ocasión. Allí está siempre su mano amiga para asistirnos, guiarnos, calmarnos, alimentarnos, perdonarnos, bendecirnos abrazarnos, para curar nuestras heridas, para re esculpirnos.
Nuestra historia de fe está jalonada por tantos momentos de parálisis. Nos turbamos por aconteceres que afectan de modo súbito planes, salud, armonía conyugal, familiar, fraternal, social, laboral o ciudadana.
Quedamos atónitos, paralogizados porque poco o nada está a nuestro alcance para bien resolver.
Aun cuando no olvidamos el poder de la oración, titubeamos hacerlo confiadamente y entonces persistimos en la desolación o en el pesimismo.
Pues bien, es allí, sumidos en la tribulación cuando una vez más el Señor viene a socorrernos.
Dejemos a un lado orgullo, soberbia, extendámosle nuestras manos y entonces quedaremos curados.
Virgen María, consuelo de los afligidos, ruega por nosotros. AMÉN