Evangelio según Marcos 9, 41-50
Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario
Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros.
Meditación de Sebastián Castaño Fueyo
“La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros”
Jesús parece decirnos: por la gracia de Dios Padre ustedes han sido salados, es decir, han recibido la Palabra, los sacramentos, y del Espíritu Santo un sabor único y original que los define a cada uno. Estén vigilantes para cuidar ese tremendo regalo de Dios, atesórenlo y dejen que habite en sus corazones, para que vivan en paz. Necesitan hacer esfuerzos y sacrificios, que son como fuego que purifica su corazón, para que no vayan a perder ese sabor que Dios les ha regalado.
Hoy Jesús me llama a detenerme para meditar profundamente en aquellas situaciones, circunstancias, comportamientos y cosas que me alejan del amor de Dios y que en definitiva me hacen perder ese sabor que, por la gracia de Dios, he recibido. No me resulta natural hacer este examen de conciencia… necesito humildad y valentía para hacerlo. Por otra parte, pensar en todo aquello que me acerca a Dios y lo que me deja un buen sabor. Luego hacer los esfuerzos y sacrificios, para desechar lo malo y cultivar lo bueno.
Querido Jesús, gracias por dejarnos tu ejemplo de entrega y fidelidad infinita a Dios. Fuiste manso y misericordioso en muchas circunstancias, pero también fuiste enérgico y duro con todo(s) aquello(s) que iba en contra de la voluntad de tu Padre. Fuiste resistente a toda tentación, sin relativizar. Y lo hiciste por amor al Padre y a tus hermanos, y así diste gloria a Dios. Solo quisiera tener un poco de tu fortaleza, entrega y humildad, para finalmente no quedarme sin sabor. Con María te lo pido señor. AMÉN