Evangelio según san Lucas 19, 41-44
Jueves de la semana 33 del tiempo ordinario.
Cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: “¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”.
Meditación de Sebastián Castaño Fueyo
¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz!
Jesús parece decirnos: Nuestro Padre les ha pensado desde siempre y tiene un plan de amor para cada uno de ustedes, sin excepción. Él se alegra cuando sus hijos lo buscan y permanecen unidos a él, y llora de tristeza cuando sus hijos no le reconocen y viven alejados de su presencia. Dios quiere habitar y conquistar sus corazones para que encuentren verdadera paz y tengan verdadera vida. Antes de mi vivieron profetas y luego Yo habité entre ustedes para que crean y se conviertan en fieles hijos de Dios.
En este evangelio veo que Jesús expresa sus sentimientos y me hace ver su tristeza, entre lágrimas, por nuestra indiferencia o insensibilidad ante su venida y frente a su cruz. Jesús camina hacia Jerusalén, donde vivirá su Pascua, y siente tristeza por la indiferencia de su pueblo escogido. ¿Soy consciente del sufrimiento y la entrega total de Jesús? ¿Reconozco cuando Jesús me visita? Este evangelio me llama a estar atento y agradecido de los dones y gracias que Dios me regala a lo largo de mi vida.
Querido Jesús, Tú que conoces perfectamente el corazón de los hombres, ayúdanos a entender cuál es el verdadero camino que nos lleva a la paz y a la justicia, primero como persona, y luego como familia, como iglesia y como sociedad. No permitas que nos apartemos de ese camino con un corazón endurecido, indiferente a la presencia de Dios. Ayúdame Jesús, a tener desapego ante las cosas de este mundo y a estar vigilante y dispuesto para responder a tu llamado para acercarme al plan que Dios tiene para mí. AMÉN