Evangelio según Juan 8, 51-59
Jueves de la quinta semana de cuaresma
Jesús dijo a los judíos: “Les aseguro que el que es fiel a mi palabra no morirá jamás”. Los judíos le dijeron: “Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y Tú dices: ‘El que es fiel a mi palabra no morirá jamás’. ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser Tú?” Jesús respondió: “Si Yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman «nuestro Dios», y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: «No lo conozco», sería, como ustedes, un mentiroso. Pero Yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría”. Los judíos le dijeron: “Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?” Jesús respondió: “Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”. Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.
Meditación de Sebastián Castaño Fueyo
“Les aseguro que el que es fiel a mi palabra no morirá jamás”
Jesús parece decirnos: queridos hermanos, sean fieles al amor a Dios Padre. Así como los niños se abandonan a los brazos protectores de su padre, así también ustedes deben abandonarse en los brazos amorosos de Dios. Así como Yo estoy unido al Padre, ustedes están llamados a estar unido a Él. El amor del Padre es incondicional y misericordioso, acérquense a Él y déjense transformar por su amor. Así tendrán vida plena y experimentarán el gozo de su amor para siempre.
Para creer en Dios no me sirve reconocerlo en teoría, sino que necesito experimentar su presencia, como un Dios vivo, durante mi vida. Ser fiel a Dios es querer llevarlo junto a nosotros en todo lo que hacemos. Es querer actuar en coherencia con su enseñanza y con su Palabra, siguiendo el ejemplo de entrega infinita que nos dejó Jesús. La oración y los Sacramentos son fuentes de gracia y alimento verdadero que me ayudan a creer y acercarme a Dios en medio de las continuas distracciones de la vida diaria.
Querido Señor, Tú tienes palabras de vida eterna. Tú nos enseñaste el amor de Dios y con tus obras le diste gloria. Ayúdame a cultivar el amor por tu Palabra: que ella me llene y me permita revestirme de tu bondad, que tu Palabra me guíe día a día para serte fiel en lo poco y en lo mucho. No permitas Señor que cierre mi corazón y mi mente a tu acción transformadora. Te pido la gracia de tener un corazón generoso para entregar y la gracia de poder compartir tu bondad. AMÉN