Evangelio según san Lucas 2, 16-21
Jueves de Octava de Navidad
Santa María, Madre de Dios
En aquel tiempo, los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño. Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban maravillados. María, por su parte, conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón. Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios, porque todo cuanto habían visto y oído era tal como les habían dicho. A los ocho días, cuando lo circuncidaron, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel ya antes de la concepción.
Meditación de Sebastián Castaño Fueyo
“María, por su parte, conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón.”
El Señor parece decirnos: ¡celebren y agradezcan a María y José! ellos con sencillez y desprendimiento, aceptaron y cumplieron fielmente la voluntad de Dios. María con gran fe y profunda oración, fue descubriendo la mano de Dios en todos los acontecimientos que vivió como madre de Jesús. Sigan el ejemplo de María. El Hijo de Dios vino al mundo como niño sencillo, frágil, cercano, para que todos puedan acercarse a Él con ternura y puedan acogerlo en sus corazones. Sigan el ejemplo de los pastores de Belén.
Este evangelio me muestra dos ejemplos que debo seguir. Por una parte, me muestra a María y José, haciendo familia, cumpliendo la voluntad de Dios con mansedumbre, sin “arrancar” justificándose en las dificultades que enfrentaban, sino con fe, atesorando y meditando lo que ocurría. Por otra parte, el fervor de los pastores deseosos de encontrar a Jesús, sin cuestionamientos, con obediencia, y con un corazón completamente libre y desprendido para ir a su encuentro.
Querido Señor, quisiera que en este año que recién comienza pueda seguir las virtudes de María y tener un corazón como el de esos pastores deseoso de encontrarse con Jesús. Tú sabes Señor que me caigo, ayúdame a botar esas barreras que me separan de Ti. Te doy gracias por la vida y por la familia que me has confiado, ayúdame a ser un mejor esposo y papá para cada uno de mis hijos. Que María me lleve más cerca de Jesús. AMÉN