Evangelio según Juan 6, 44-51

Jueves de la tercera semana de Pascua

 

Jesús dijo a la gente: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: “Todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: solo Él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.  Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo.

 

Meditación de Francisco Bravo Collado

 

“Yo lo doy para la vida del mundo.”

 

Es como si Jesús nos dijera: “El pan que yo les doy es para la vida del mundo. Es el pan que reciben en la Eucaristía. Pero no es un pan mágico, sino que es un pan sacramental; no es un ‘truco’ o una analogía, sino que es mi presencia real a través de signos sensibles. El trabajo de ustedes es mirar la Pasión con optimismo, y sumarse a ella constructivamente. Ustedes pueden elegir entre tomar o no la vida eterna que yo ofrezco, y tomarla significa crecer en el amor, renunciar al egoísmo y abrirse a los demás”.

 

Cuando veo el drama de la Pasión de Cristo quedo con la sensación de que toda esta agonía, tan cruenta e inhumana, es en vano. Lo veo como una mala noticia. Pero Jesús, en este texto de Juan que está situado bastante antes de la Pasión, nos habla y nos dice que nos dará un pan de vida eterna con el cual nunca más tendremos hambre, que ese pan es su carne, y que lo da para vida del mundo. Esa es la vida que tenemos como tarea elegir hoy.

 

Jesús, este Evangelio que me regalas tiene tantas connotaciones que me llega a confundir. Regálanos la sencillez de corazón para comprender que tu don más importante es el amor, y que tu cruz es el mejor ejemplo de la forma en la cual nos invitas a amar. Entréganos la fuerza para elegir tu plan de amor. Danos ese pan que nos ofreces, que es tu cuerpo, para que tengamos vida en abundancia. Haznos hijos del Padre, y consérvanos fieles a nuestras promesas y a los nuestros. AMÉN