Evangelio según Mt 17, 1-9
Jueves de la semana 18 del tiempo común
La Transfiguración del Señor
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo». Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo». Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Meditación de Sebastián Castaño Fueyo
«Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo»
Jesús parece decirnos: Les he revelado mi divinidad para que crean en Dios Padre que me envió para su salvación. Ya saben esto y no necesitan que les demuestre mi divinidad de esta forma sobrenatural. Más bien estaré hablándoles en el silencio de la oración y en las vivencias que van acumulando en su vida. Busquen escucharme verdaderamente, en lo profundo del corazón, y no tengan miedo de hacerlo. Si me acogen en sus corazones vivirán el gozo de mi presencia y de mi amor.
Pienso que en nuestra vida pueden existir momentos en que parecemos estar en “la cima”, en los que la gracia de Dios parece manifestarse plenamente. Son vivencias únicas que refuerzan de forma intensa nuestra fe, pero que probablemente solo se presentan pocas veces. Hoy en este evangelio veo que Dios me llama a que escuchemos a su Hijo muy amado, en la oración cotidiana para conocer más a Jesús y su Palabra. Así podremos cultivar ese amor por Jesús y darle más espacio en nuestro corazón.
Querido Señor, te agradezco por esos momentos extraordinarios en que nos regalas tu gracia y tu intensa presencia. Esos momentos los guardo y los recuerdo con enorme gratitud. Concédeme Señor poder escucharte también en lo pequeño, en lo que pasa día a día, y que no es extraordinario. No permitas que se me pasen tus gracias por no dejar que Tú estés más presente. Señor, quiero ser una mejor persona a la luz de tus ojos, para el bien de quienes me rodean. AMÉN