Evangelio según san Mt 21, 28-32

Domingo de la semana  26  del tiempo común

Día de la Oración por Chile

 

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: ‘Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña’. Él respondió: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: ‘Voy, Señor’, pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?». «El primero», le respondieron. Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él».

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“«‘Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña’. El respondió: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue»”

 

Creo que Jesús me dice: “El camino para la salvación y para llegar al reino de Dios pasa por tu conversión personal, y la conversión es arrepentirse y cambiar, para hacer, en adelante y cada vez más, la voluntad de Dios en tu vida, hacer lo que a Él le agrada”.

En el Evangelio del domingo anterior, el Señor dijo que muchos de los últimos serán los primeros, así como el malhechor que se arrepintió y creyó, al lado de Jesús en la cruz.   El Señor me dice entonces que no es tarde para arrepentirse y cambiar. Esta tarea no es fácil, supone conciencia de mis faltas (muchas de ellas no son evidentes), y como no son evidentes no sabría que cambiar. Quizás es mejor atender a la voluntad de Dios para mí, y las tantas veces que desoigo su voz (porque no coincide con lo que yo quiero hacer), pedirle perdón y cambiar para hacer lo que le agrada.

Te agradezco Señor porque con estos ejemplos nos muestras una y otra vez, aquello que es central en el seguirte y ser tus discípulos: ser cada vez más conscientes y hacer como Tú la voluntad del Padre en nuestra vida. Está difícil porque veo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el mío, y porque tiendo a hacer solo lo que quiero y además, a mi manera. Consciente de estas limitaciones le pido a la Virgen que yo esté cotidianamente atento cuando ella me diga: “hagan lo que Él les diga”, y actúe en consecuencia, y más tarde examinarme y pedirle perdón si no lo hiciera. AMÉN