Evangelio según san Mt. 4, 1-11
Domingo primero de cuaresma
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra». Jesús le respondió: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios». El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme». Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto». Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”
Creo que el Señor me dice: “Todas las tentaciones apuntan a romper el vínculo filial con el Padre, a romper la comunión: Al sentir el hambre y actuar desde el propio poder para convertir las piedras en pan, sin consideración a la voluntad de Dios. Luego, tentar a Dios para hacer su propia voluntad y ser engrandecido ante los hombres, en lugar de dar gloria a Dios haciendo el querer del Padre. Finalmente, el recibir para sí todo el poder y los bienes de este mundo al precio de adorar al demonio en lugar de entregarse a Dios y esperarlo todo de Él.”
El relato de las tentaciones de Jesús me permite poner luz en mi realidad interior y examinar las formas en que enfrento las situaciones comunes de la vida cuando experimento las necesidades o el hambre en sus diversas formas: del cuerpo (la necesidad y el gusto por la comida), del alma (la necesidad de reconocimiento y de afecto), y del espíritu (la paz interior, la cercanía de Dios). Cómo estoy resolviendo estas necesidades: ¿Con un sentido filial de hacer la voluntad de Dios, como el Señor nos muestra? Veo en este tiempo de Cuaresma una oportunidad para crecer.
Señor, te agradezco por cómo nos muestras el camino para seguirte e ir hacia el Padre. Entendiendo que somos y seremos tentados: que a menudo buscamos resolver nuestras hambres solo sobre la base de nuestro propio poder y voluntad, sin preguntarnos sobre cuál es tu voluntad; que queremos ser engrandecidos ante otros; o que queremos tener poder y bienes a cualquier precio, en lugar de buscar aquello que nos hace ricos ante Ti. Pido el auxilio de nuestra Madre para que nos prepare el corazón y eduque, especialmente en este tiempo de cuaresma, AMÉN