Evangelio según san Mt 10, 26-33
Domingo 12 del tiempo común
No les teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.»
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“No les teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado”
Creo que el Señor me dice: “No temas a los hombres. Sé tal como eres, déjate guiar por el Espíritu Santo para hacer el bien sin temor a los demás. Tú eres muy valioso y querido para el Padre y estás siempre bajo su mirada atenta. Quisiera que cada día más seas mi discípulo y mi testigo ante los demás, donde sea que te toque estar.”
En este evangelio, el Señor me invita a no temer y a ser más abierta y explícitamente testigo de su amor y de su misión. Tal cosa no me sale fácil por mi personalidad más bien reservada y orientada a escuchar y observar. En los círculos en los que me muevo más allá de la familia, entre amigos y en otras actividades recreativas, comparto poco sobre mí y mis circunstancias. Es decir, muchas de mis conversaciones versan sobre lo que me parece pertinente y es de interés del grupo en el cual me encuentro. Es hora de revisar y buscar un cambio, con el auxilio del Espíritu Santo.
Señor, gracias por tu invitación a salir de nosotros mismos y aceptar con fe en Ti los desafíos que nos llevan a crecer más allá. Me fío de la mirada maternal y el auxilio de nuestra Madre para poder hacer vida esta invitación tuya a ser más tu discípulo y testigo de una manera propia y alegre, sencilla y sin afectación ni poses. Me comprometo a revelarme más ampliamente en otros círculos, aunque algunos de mis temas y circunstancias no me parezca que sean de interés para otros. AMÉN