Evangelio según  san Lucas 18, 1-8

Domingo de la semana 29  del tiempo ordinario.

 

Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: «Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario». Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: «Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme»”. Y el Señor dijo: “Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda

 

“Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar?”.

 

Siento que el Señor me dice: “Persevera en la oración. Así mantendrás tu alma viva y despierta. Pide cotidianamente por tus necesidades y las de quienes están a tu alrededor. No siempre la respuesta a tus peticiones es la que tú esperas, y también a veces esa respuesta se tarda. En tu oración, pide también el auxilio del Espíritu Santo para que te ayude a pedir con fe, saber esperar, y comprender mis respuestas”.

 

Soy testigo agradecido de los grandes favores que he recibido del Señor y la Virgen cuando le he pedido ayuda en situaciones de apremio, aquellas en que previamente he agotado mis propios recursos y no veo más opciones. A menudo, en esos casos y en otros, está presente la duda si se me concederá lo que estoy pidiendo. Cuando el resultado es distinto a lo que pido o siento que no hay una respuesta ¿Es porque tengo que pedir con más fe o porque Dios quiere otra cosa? Siento que pedir ayuda al Espíritu Santo puede ayudarme a obtener una respuesta y tener la paz en el corazón.

 

Gracias Señor porque me siento escuchado en la oración, que es un diálogo contigo. Atiendes mis peticiones y me impulsas hacia adelante. En el “Padre nuestro” nos enseñaste a pedir por nuestras necesidades básicas y cotidianas, y en este evangelio nos dices que seamos perseverantes en la oración y peticiones. Te pido por intermedio de nuestra Madre que nos regales el saber acudir al Espíritu Santo para estar atentos a la voluntad del Padre y a hacer lo que a Él le agrada: pedir con insistencia por las necesidades de quienes están a nuestro alrededor y actuar. AMÉN