Evangelio según san Mt 22, 15-21
Domingo de la semana 29 del tiempo común
Jornada Mundial de las Misiones
Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones.
Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?». Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto». Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“«Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios»”
Creo que Jesús me dice: “Las trampas que me tienden los fariseos son una oportunidad para enseñar. Cuídense de los dilemas: ¿Dar el dinero al César o al templo? ¿Amar a Dios o amar al prójimo? ¿Agradecer a Dios o a las personas? ¿El tiempo para el trabajo o la familia? En muy pocas ocasiones estas situaciones son alternativas excluyentes. Les he prometido el auxilio del Espíritu Santo, Él los acompaña, los aconseja, los ayuda a discernir la voluntad de Dios y los alienta a realizarla en cada situación, especialmente en los dilemas.”
Siento que la vida cotidianamente me presenta situaciones de decidir qué hacer y además del cómo hacerlo: desde la planificación o programación de las actividades del día. Cuando no se puede hacer todo, el cómo priorizar unas descartando otras o postergándolas para otra ocasión. ¿Qué hacer?: ¿Hacer lo que siento?, ¿lo que creo que debo hacer?, ¿hacer lo que alguien me pide? Y estas preguntas son válidas para el trabajo, en las actividades familiares, con las amistades, con el tiempo para Dios. Quisiera hacer todo bien y dejar a todos contentos, algo difícilmente alcanzable.
Señor, ¡Qué admirable es tu capacidad para conocer el corazón de las personas, y tu sabiduría para manifestar la verdad ante los dilemas propios de la complejidad de la vida! Agradezco tu generosidad para compartir con nosotros el auxilio del Espíritu Santo en tantas situaciones de nuestra vida. Solo debemos tener un corazón humilde, sencillo y comprometido contigo, como el de María, para recibir ese don. Que ella nos eduque y enseñe cotidianamente para así saber discernir y hacer lo que Dios quiere para nosotros frente a los pequeños y grandes dilemas de nuestra vida. AMÉN