Evangelio según san Juan 1, 29-34

Domingo de la segunda semana del tiempo ordinario

 

Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel». Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo». Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios».

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda.

 

“Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios.”

 

Creo que el Señor me dice: “Juan da testimonio de Mí por lo que vieron sus ojos y por la revelación del Espíritu: dice claramente que soy el Hijo de Dios porque vio al Espíritu descender sobre Mí en forma de paloma. Yo les digo a ustedes, que sean mis testigos y que den testimonio de Mí; esto significa que además de comunicar lo que ven o han visto, compartan y den testimonio de lo que el Espíritu les revela sobre Mí.”

Se vienen a mi mente las palabras: sencillez y humildad, las que conecto con el estar atento al Espíritu; Juan recibió el tremendo don de la misión y las revelaciones del Espíritu respecto de Jesús; en él vemos sencillez y humildad para ser testigo y revelar a Cristo como Hijo de Dios. Quizás acá hay una clave para que pueda vivir lo que el Señor quisiera de mí, que es dar testimonio de Él, estando atento y vitalmente conectado, para que el Espíritu me revele su presencia y acción en los acontecimientos de mi vida y compartirlo con sencillez y humildad a quienes tengo cerca. ¿Tengo fe en eso?

Gracias Señor porque nos has regalado en el ejemplo de Juan, cómo ser un testigo tuyo. Gracias porque Dios Padre en su sabiduría ha revelado a Cristo a ciertas personas y las ha comprometido para ser testigos de Él como Hijo de Dios, y así ha llegado la fe a nuestras vidas. Le pido a Santa María que me ayude a creer en el camino para ser mejor testigo, es decir, estando atento a la voz del Espíritu en la vida cotidiana y dando testimonio con sencillez y humildad. Me comprometo a pedir con perseverancia. AMÉN