Evangelio según san Mateo 11, 2-11
Domingo de la tercera semana de adviento.
En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí!» Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué fueron a ver en el desierto?, ¿una caña sacudida por el viento? Pues, ¿qué fueron a ver? ¿Un hombre lujosamente vestido? Los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, y les aseguro que más que un profeta. Porque de él está escrito: “Yo envío mi mensajero por delante de ti para prepararte el camino”. Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él».
Meditación de José Miguel Arévalo Araneda
“Yo envío mi mensajero por delante de ti para prepararte el camino”
Creo que el Señor me dice: “Comprende que las palabras de Juan se refieren a Mí cuando dice: “Preparen el camino al Señor, allanen sus senderos”. Los milagros y el anuncio de la buena nueva a los pobres son los signos de mi presencia. Sí, Juan es mi mensajero y me prepara el camino para que ustedes me reciban.”
Siento que siguen resonando para mí las palabras de Juan en el evangelio del domingo pasado: “Conviértanse porque el reino de Dios está cerca”; en el evangelio de hoy el Señor confirma las palabras de Juan. Preparar el camino al Señor me invita nuevamente a examinar, a revisar y poner orden, a atesorar y gustar lo que ha sido valioso a sus ojos en este año que he vivido. En el fondo, es el anhelo de encaminarme al encuentro personal y profundo con Él, en la humildad y sencillez, liberándome de la carga de cosas secundarias y accesorias.
¡Gracias Señor por ser Tú la buena noticia de la salvación! Le pedimos a María nuestra madre que nos ayude y acompañe, implorando al Espíritu Santo, para tener el silencio necesario y la capacidad de preparar el corazón hacia el encuentro contigo. AMÉN