Evangelio según  san Mateo 3, 13-17

Domingo del Bautismo de Jesús.

 

Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él.  Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!». Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

 

Meditación de José Miguel Arévalo Araneda.

 

“Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección.”

 

Creo que el Señor me dice: “Valoro la obra realizada por Juan a inspiración del Espíritu por eso me dejo bautizar por él. Así también el bautismo da cabida a la manifestación de la Trinidad, con el Espíritu que viene hacia Mí y las palabras del Padre quien da testimonio de Mí llamándome Hijo muy querido. Yo soy el Hijo muy querido del Padre Dios.”

Me encanta esta lectura porque contiene una de las pocas oportunidades en que el Padre habla. En este caso, las palabras son el reconocimiento hacia Jesús como su Hijo y una declaración de su amor y predilección por Él. Esas palabras me revelan a un Cristo hijo que se siente profundamente querido por su Padre, y en íntima comunión con Él. La profundidad de esa relación y comunión se revela en todo el relato de los evangelios. El Señor nos enseñó a dirigirnos al Padre en la oración, así que cabe la pregunta: ¿Hasta qué punto me siento yo profundamente amado por el Padre Dios?

Gracias Señor porque nos has regalado también a tu Padre y que lo podamos llamar así: “Padre nuestro”. Gracias porque Él nos da el pan de cada día para el cuerpo y para el alma; porque con su misericordia perdona nuestras ofensas a Él y a otros.  Le pido a nuestra Madre que implore el Espíritu Santo, para que, a ejemplo del Padre, pueda expresar de manera más explícita mi reconocimiento, amor y predilección a los hijos que ha puesto cerca mío, y haya frutos de una relación más profunda y vital. AMÉN